domingo, 5 de agosto de 2012

Prometheus (2012)





Malo si una película deja en el espectador más preguntas que respuestas. Ridley Scott nos ha vendido una supuesta precuela de Alien que no es tal. No se trata del origen del bicho, sino del Hombre; bueno, el mismo tráiler lo dice: “Buscando el origen de la Humanidad, van a encontrar su fin”. Tampoco el título de la cinta, Prometheus, tiene que ver con la trama. En fin. Pero como no me gustan los críticos cascarrabias, que a estilo viejuno dicen que lo nuevo es muy malo en comparación con lo antiguo, y que los cineastas de ahora sólo quieren hacer caja –como si antes no-, voy a comentar lo que me ha parecido negativo, lo bueno, y lo mejorable.

El meollo de la cuestión es muy del estilo de Larry Niven o de Arthur C. Clarke; es decir,
una civilización superior creó la vida en la Tierra, y el Hombre intenta comprender sus razones, lo que es harto difícil ya que la lógica de dos especies distintas no tiene por qué ser la misma. Haré una breve sinopsis (cuidado que va un spoiler). Un extraterrestre de aspecto marmóreo es abandonado en la Tierra junto a un espectacular río. Allí toma un líquido que lo descompone y su ADN va al agua, de lo que inferimos que esto inicia la vida en el planeta (adiós al acto creador de Dios). En el año 2089, una expedición arqueológica encuentra en Escocia una pintura rupestre en la que un gigante señala una constelación a un grupo de humanos. Este dibujo se había repetido en otras culturas de la Antigüedad. Una doctora cree que esos seres a los que llama “ingenieros”, crearon la vida en el planeta. ¿Por qué? Por fe, simplemente por fe.

Un anciano millonario crea una expedición, la Prometheus, para encontrar ese sistema solar y así dar con el lugar de origen de esos gigantes. El viaje dura más de dos años durante el cual la tripulación está criogenizada, y la nave la maneja mientras tanto un robot, David, el mejor y más interesante personaje de la película –muy bien interpretado por Michael Fassbender-. Despiertan cuando llegan al sistema solar. Aquí tenemos unos momentos impagables de sentido de la maravilla y de la magnificencia del cosmos. La entrada en el satélite que puede albergar vida es impecable, así como el encuentro con una construcción gigantesca.

El lugar es una especie de laberinto enorme, donde hallan huellas y restos de los ingenieros, una cabeza enorme tallada en piedra, y unos cilindros colocados en el suelo como el alien colocaba los huevos. Los arqueólogos se llevan el cráneo de un ingeniero muerto. El robot va por su cuenta, recoge a escondidas uno de los cilindros, y encuentra un puesto de mando donde consigue poner en marcha una película que retrata qué paso en los últimos momentos a los seres de esa estación y un mapa estelar fantástico que señala a la Tierra. Han sido los ingenieros quienes crearon a los aliens, como un arma de destrucción masiva, pero en aquel lugar, que no es su planeta, se les fue de las manos. De vuelta a la nave, accidentada por una tormenta de arena, nos encontramos con que el viejo millonario ha ido a escondidas en la nave (ya, ya, es una chorrada). Su propósito es hablar con los ingenieros para que le digan cómo prolongar su vida.

A partir de ahí se producen las muertes, por diferentes motivos, la verdad es que muy probables en lo que podría ser el primer contacto con vida de otro planeta –lo que contaban los hermanos Strugatski en El país de las nubes purpúreas-. David, el robot, ha encontrado a un ingeniero criogenizado, al que reaniman, pero el tío es una bestia cuyo propósito es liquidarlos a todos y enviar a la Tierra una nave cargada con los gérmenes de seres destructivos: aliens. El tipo no lo consigue, no diré por qué (así os dejo algo por lo que pagar la entrada).

Como decía, lo peor para mí es la cantidad de interrogantes que Scott nos coloca sin sentido en esta cinta, dando más la sensación de guion mal construido que de primera parte de una serie. Es lógico que Scott quisiera dejar alguna incógnita para crear expectación por la segunda entrega, pero es que las preguntas se confunden con las incoherencias que pueblan la trama. Veamos algunas.

¿Por qué los ingenieros crean al Hombre? ¿Por qué los ingenieros quieren destruir la vida en la Tierra después de haberla creado y, además, enviando aliens? Si tienen una civilización tan superior a la humana, ¿por qué no destruirla de una forma más cómoda para ellos? ¿No se les ocurrió que eliminar luego a los aliens sería un problemilla? Algo debió pasar: los ingenieros hicieron un acto consciente de creación, luego lo supervisaron, y hacia el año 90 d.C. decidieron destruirla. ¿Por qué desapareció esa supervisión pública del desarrollo de la Humanidad? Si los ingenieros construyeron un arma como el alien es que debía haber otras razas en el espacio con las que estaban en guerra, ¿quiénes? ¿Los Predators? (¡Ay, como les he echado de menos! Por cierto, el guion, la dirección y la realización de Aliens vs. Predators no tienen nada que envidiar a Prometheus).  

En otro orden de cosas, ¿por qué se esconde el millonario en su propia nave? No tiene sentido. ¿Por qué David, el robot que obedece órdenes del millonario, asesina al doctor que quería dialogar con los ingenieros, que era el mismo objetivo del susodicho millonario? Tampoco tiene sentido. ¿Cómo sabe David que la sustancia con la que infecta a dicho doctor sirve para engendrar un alien? ¿Ha leído la Guía del autoestopistagaláctico? ¿Cómo es posible que la doctora se haga una cirugía para sacar un huevo de alien de su interior, y desde el segundo siguiente parezca Usain Bolt? ¿Y esos diálogos superficiales sobre el origen del Hombre? ¿Es que quiere Scott que discutamos a estas alturas sobre el creacionismo de Dios y el evolucionismo de Darwin, o el alma de la vida artificial al estilo de Stanley Kubrik? Pues está muy mal planteado.

Samuel L. Delany decía que un buen libro plantea preguntas, no conclusiones; bueno, pero una película sí debe hacerlo. ¿Qué se saca en claro de Prometheus respecto a alien? Pues que lo crearon los ingenieros como arma de destrucción masiva. Nada más. No se trata, por tanto, de una precuela de Alien, sino de una película de ciencia-ficción aceptable, que introduce con calzador al bicho que tiene ácido en las venas.

He escrito “aceptable” porque como película del género no está mal, aunque creo que se podía haber mejorado bastante en algunos aspectos. El ritmo es bastante lento al inicio, y luego se revoluciona pero sin llegar a un clímax en el que te palpite el corazón. No hay un buen manejo de la tensión. Cuando acaba la peli, que lo hace de forma abrupta, falta el cartel de “To be continued…”.


La fotografía es magnífica, eso sí, y no tanto la banda sonora, que no tiene la personalidad ni oportunidad de la que compuso Jerry Goldsmith para Alien, el octavo pasajero en 1979. Hay que advertir que subir el volumen de la música en los momentos de tensión no compensa una composición mediocre. Si bien Prometheus tiene escenas que hacen las delicias de todo buen aficionado a la ciencia-ficción –sólo por esto es obligatorio verla-, hay otras, muchas, que carecen de la fuerza suficiente como para enganchar un guion flojito –nada que ver con su Blade Runner (1982)- y unos actores a los que no se les da oportunidad suficiente (Qué desperdicio de Charlize Theron, cáchis en la mar).

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