martes, 10 de abril de 2012

Predators (2010)




Qué ocasión perdida. Mira que me gusta Predator (1987), con el amigo Arnold Schwarzenegger, e incluso uno de sus secuelas, Alien vs Predator (2004). Es más; la revista Ultramundo ha publicado recientemente un especial dedicado a los Predators que no tiene desperdicio. Las razones de la decepción son las siguientes.


El argumento.


No tiene nada original o sorprendente. Es decir; unos tipos caen en un planeta, convertido en coto de caza de los Predators. Han sido elegidos por los alienígenas por su carácter violento para que la cacería tenga emoción. A ese planeta van a parar criaturas de otros lugares del Universo para deleite de los cazadores. El resto es deducible: los humanos tendrán que ideárselas para sobrevivir, aniquilando a los Predators, por supuesto, mientras van cayendo uno a uno. Al final, el protagonista vence y se lleva a la chica. El guión es como una entrega de La matanza de Texas, pero con aliens y mercenarios, en lugar de caníbales y adolescentes. Uno se pregunta: ¿Por qué, en lugar de caer en una zona de caza, no son llevados al planeta de los Predators? Hubiera sido interesante.


Novedades.


Ninguna, salvo unos perros de caza y unos fugaces halcones cibernéticos. Las ideas desaprovechadas alientan más la decepción. Resulta que hay dos tipos de Predators, unos, bajitos y sometidos, y otros, grandes y dominadores. Salvo el tamaño, los guionistas no dan ninguna diferencia más o explican por qué se llevan mal. Una pena. Otra, el carácter triangular de los elementos de su civilización, asunto apenas apuntado, y que se queda en un “siempre salen a cazar de tres en tres”. Queda la sensación de que podían haber inventado o contado mucho más sobre el planeta de los Predators, su cultura, su vida, costumbres y demás. Esto, en cambio, sí se puede ver en Alien vs Predator. Otra pena.


Los actores.


A mi no me convence nada Adrien Brody, el protagonista. Tiene la pinta de un campesino italiano que en cualquier momento va a decir alguna gracia, o se va a quedar dormido. El resto son conocidos actores secundarios. La aparición de Laurence Fishburne, de Matrix –cómo ha engordado este chico-, es fugaz e intrascendente. Luego están los estereotipos: el mexicano salido de una peli de Robert Rodríguez (no en vano está producida por él), el japonés de la Yakuza que se decide por la catana, el ruso grande y con buen fondo, el presidiario drogata y navajero, y la chica, en este caso judía y militar.


Lo mejor y lo peor.


Me encanta la banda sonora, compuesta por John Debney, pero no es más que una actualización de la que compuso Alan Silvestri para Predators (1987). Es envolvente, contundente y definitoria. Si no la tenéis, es obligado conseguirla. Lo peor; además de un guión sin atractivo, es la falta de ritmo. Para ser una película de acción es lenta, y se hace larga. Y es predecible, que es lo peor que le puede pasar a una historia de ciencia.


Recomendación.


Sólo si eres fans de los Predators.

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